Con los pies atados es difícil caminar. Los pasos que te acercan al borde de la plataforma son cortos como los de un pingüino. A medida que te acercas se te agudiza el oído. Por el rugido del agua parece que el río esté a tan sólo un par de metros, pero la vista no engaña.
AJ - "¿Quieres tocar el agua?
Eidrien - "Si, pero solo los brazos."
AJ - "5... 4... 3... 2... 1..."
El corazón ya no palpita, esos golpes que vienen de detrás de las costillas no se pueden clasificar como tal. El cuerpo se inclina hacia el vacío pese a lo que tus instintos dictan. Ya no hay marcha atrás. Doblo las rodillas para dar el salto final, con los brazos abiertos... el salto del ángel.La sensación de vacío en el estómago... el zumbido ensordecedor del viento... se corta la respiración... el río se acerca a toda velocidad y... vuelve la gravedad antes de lo que hubiera querido. No he llegado a tocar el agua. Me ha sabido a poco. Tres segundos de caída libre no son suficientes. Hay que saltar desde más alto.
Ahora estoy sentado en una especie de silla. Una mezcla entre silla de dentista y silla de ginecólogo. La silla está en una cabina suspendida entre dos montañas por cables de acero a 140m de un riachuelo. La música va acorde con la situación: Heavy Metal!La pasarela hacia el vacío, más alta, más impresionante, más potencia da al corazón. El paseo del pingüino me hace sentir como un corsario a punto de ser tirado por la borda. Pero no hay tiburones... apenas se ve el agua a lo lejos. No tengo miedo, puede que nervioso... lo que mejor define mi estado de ánimo es ansioso.
AJ - "5... 4... 3..."
Eidrien - "Ya llega!"
AJ - "2... 1..."
Otra vez lo mismo. Los instintos vuelven a perder la batalla. Me inclino al vacío, vacío descomunal y salto. Esta vez intento no despegar los brazos del cuerpo, así hay menos fricción con el aire y vas más rápido. Pero no lo consigo del todo. Ocho segundos y medio de caida te dan tiempo incluso a percatarte de lo que está sucediendo.La sensación de vacío en el estómago es mucho mayor, lo que estaba buscando. Parece que nunca parar de acelerar. El tiempo toma otra dimensión totalmente distinta, más lento pero a la vez más rápido. La velocidad, aparentemete incontrolada, lo cambia todo. ¿Es la adrenalina que corre por las venas la que produce esta sensación? ¡Quiero más velocidad!
Otra vez me encuentro sentado en la silla. Otra vez me atan los tobillos antes de llevarme a la plataforma de salto. Pero esta vez saben que quiero velocidad y me dan el truco para conseguirla.
AJ - "¿Ves ese trozo del río de aguas blancas?"
Eidrien - "Si."
AJ - "Tienes que saltar en esa dirección y colocarte como una bala. Así llegarás a más de 130Km/h."
Siempre he sido un alumno aplicado. Intentando aprender cuanto más rápido mejor. Y esta vez no iba a ser diferente. Ahora esta claro... ya no siento nervios. Ansioso si... ¡mucho! Esos ocho segundos no tardarán en llegar.
Esta vez el caminar del pingüino se torna un baile. Un baile de celebración a la adrenalina. Me acerco al borde tan rápido como puedo.
Eidrien - "¡Empieza a contar!"
AJ - "5... 4... 3... 2... 1..."
Dejo mi peso caer hacia delante. Fijando la vista en el fondo del valle. Donde el agua del riachuelo se vuelve blanca de rabia.
Doblo las rodillas, pero tengo paciencia. Hay que esperar a que el centro de gravedad esté por debajo de los pies para poder utilizar la plataforma para impulsarme y conseguir más velocidad.Ha llegado el momento. El cuerpo ha pasado de la linea horizontal y utilizo toda mi fuerza para impulsarme hacia el vacío. Mi cuerpo lo espera impaciente.
Acelero mucho más rápido. Llego más cerca de fondo. Ocho segundos y medio a toda velocidad. Caida al vacío en su máxima expresión. Al rebotar doy giros de alegría y satisfacción. Pero todavía no he acabado.
Ahora es de noche. Estoy sentado en un sofá con un arnés industrial a 400 metros de altura por encima de Queenstown. Al final del teleférico. Esta vez no me atan los pies. Voy cogido por la cintura. Así que el paseo triunfal del pingüino se va a convertir en una carrera al vacío.
El hecho de que sea de noche hace que la experiencia sea totalmente distinta. No sabes dónde está el final. Yo soy así de retorcido y quiero darle otro giro a la tuerca. Saltaré de espaldas mirando la plataforma todo el rato.
AJ - "Cuando quieras."
En tres pasos ya me he plantado en el borde con suficiente velocidad como para que no haya marcha atrás. Ni que se me hubiera pasado por la cabeza no saltar. Justo después del salto doy media vuelta y miro fijamente a AJ a los ojos mientras caigo en picado. El salto es de apenas 43m pero la sensación es totalmente distinta. Los instintos son tan fuertes al caer en picado de espaldas sin ningún tipo de control que se me escapa un grito de terror. El primero del día. Misión cumplida. Me voy contento.

4 comentarios:
Eidrien!!!
No sabes la envidia que me estaba dando leer esto!!! Qué guapo!! Yo siempre he querido hacer eso!!!
Vamos que la lanzadera esa de Eilat se queda en nada-nada-nada, no?
Hale, a seguir con el blog que tá muy guapo!
Desde Lancaster, Jose.
Hijoooooooo te has vuelto loco !!!!! que me costo mucho parirte y no digamos criarte para que hagas tantas tonterias ,aunque la verdad se que estas super feliz Te quierooooooo
Jajajaja Colega qué envidida me has dado!!
Muy bien narrado! Aunque no me ha quedado claro una cosa, todo esto lo hiciste el mismo dia?
Nota aclaratoria:
Todos los saltos los hice el mismo día. Qué os pensáis que me paso todos los días de parranda. Aunque no lo explique yo entre semana curro.
Publicar un comentario