Los Kiwis cuentan chistes

Hoy en la sala de boulder ha pasado algo que no me esperaba. Después de una sesión resolviendo problemas nos hemos sentado en el centro de la sala dos kiwis y yo. Tras un rato de conversación distendida el primer kiwi (Chris... creo) va y cuenta un chiste. Justo después va el otro kiwi (Ruben) y cuenta otro. Es así, de la misma manera que ocurre en mi tierra natal, como empezó el rondo de chistes. Seguramente nada de esto os parecerá excepcional, desde un país donde el chiste ha llevado a personas al estrellato, pero a mi me ha sorprendido porque en cuatro años viviendo en Miami (USA) jamás había tenido la suerte de oir más de dos chistes seguidos. Y eso es algo que siempre eché en falta.

Después de un rato en el que yo pensaba en algún chiste que se pudiera traducir, Chris me pide que cuente un chiste en castellano. A lo cual accedo un tanto extrañado. Cuento uno típico de los de "Se abre el telón...". Está claro que ellos no entienden nada de nada, pero se ríen al escuchar un chiste incomprensible. Después cuento uno traducido y nos jartamos todos a reír. Pero ahí no acaba la cosa, todavía queda alguna sorpresa...

Va Ruben y cuenta un chiste, un tipo de chiste de humor duro, del que sólo pensaba capaz a un latino. Lo voy a traducir para que veáis.

Va un tío por la carretera conduciendo su coche y de repente llega a una sección de curvas. Después de medio kilómetro se encuentra a un par de niños desconsolados, mirando hacia el precipicio con los ojos llorosos. En la calzada empiezan unas marcas de neumáticos que acaban justo en el lugar donde estan los niños. El conductor se para a curiosear.

El conductor se acerca a los niños y les pregunta: "¿Qué ha pasado?". Los niños se giran y le dicen que estaban esperando a que sus padres les vinieran a buscar en esta curva. Pero cuando llegaron perdieron el control del coche y se cayeron por el precipicio. El conductor se asoma al precipicio y ve una gran bola de fuego que envuelve un amasijo de hierros. De repente se gira hacia los niños y mientras se baja los pantalones les dice: "Hoy no es vuestro día de suerte, ¡eh!"

¡Qué bestias estos Kiwis! Cómo echaba de menos una sesión de chistes políticamente incorrectos. Me ha hecho sentir como en casa por un ratito. Ya se que con los guiris de origen germano-sajón nunca se llega a tener una relación de afecto físico (pese a alguna excepción honrosa). Desde que estoy aquí el balance es de dos besos y zero abrazos, eso sí unos cuantos apretones de manos pero no muchos. Una sesión de chistes en estas condiciones se aprecia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La expresion del profe es espectacular jajaja