Playa, cuevas y nieve

Hoy Mariusz me ha llevado a Long Beach. Una playa al norte de Dunedin donde hay sitios para escalar. La playa es preciosa; arena blanca y rodeada de acantilados. Pese al frío que hace, me entran ganas de tumbarme en la arena a tomar el sol. Por el camino vemos a un escalador subido a un acantilado buscando un sitio por donde colgar la cuerda. La roca de los acantilados es super negra, casi carbón. Lo cual contrasta con la arena blanca de la playa.

Caminamos hacia la otra punta de la playa, ahora es fácil porque la marea está baja. Mariusz me comenta que en esta zona de la isla la marea no se nota mucho, solo sube y baja un metro y medio (vamos, igualito que en Gavá). El límite al que llega el mar lo marca una franja de vegetación que crece a través de la arena en la parte más alta de la playa. Un par de gaviotas persiguen a las olas buscando algún bicho despistado.

Al otro lado de la playa hay unas cuevas enormes. Lástima que no llevemos linternas para podernos adentrar. Parece ser que son muy profundas. Aquí el viento ya no sopla y la sensación de frío es mucho menor. Hay dos hogueras ya apagadas de los últimos visitantes que acamparon aquí. Mariusz también ha acampado aquí alguna vez, ¡qué envidia!

Retrocediendo un poco, por el lateral del acantilado negro, llegamos a unas cuevas más pequeñas cuyo suelo es de arena blanca y blanda. Es aquí donde venimos a escalar. Las paredes y los techos están llenos de marcas de magnesio. Parece que me acabo de meter en la meca local de la escalada.

Tres veces escalando en una sola semana, sumado a mi escaso nivel físico actual, hacen que no esté a la altura de la mayoría de los problemas de la cueva. Pero eso no quita ni un ápice de diversión. Mariusz y yo nos motivamos mútuamente en la cueva. Ahora me sale un paso a mi, ahora uno a él pero nunca el problema entero. ¡Hay pique!

Caerse aquí no es ningún problema, ni siquiera hace falta colchoneta. Eso si, los pies de gato quedan repletos de arenilla. Para cuando nos damos cuenta de lo cansados que estamos, está empezando a llover, a la vez que oscurece. Es el momento de volver a casa.

En el camino de vuelta Mariusz se dedica a recoger la mierda que otros han ido dejando y yo le imito emocionado. Este tío cada vez me cae mejor. La mayor parte de la basura son bolsas de plástico y botellas de vidrio que dejan los escaladores. Esto suele pasar en las zonas accesibles. Está tan cerca de la civilización que parece que las normas de la ciudad siguen siendo válidas... "Total, ya pasará el basurero. Que para eso les pagamos el sueldo."

La vuelta en coche nos depara una última sorpresa: "Aquello de allí al fondo, blanquecino, parece nieve. Pero no puede ser, será escarcha." Un poco más adelante le tengo que dar la razón a Mariusz... está nevando. No es una gran nevada, pero ni estamos en pleno invierno, ni esto es una montaña. Mañana habrá un paisaje interesante.

1 comentario:

Carlos Morales dijo...

Postea fotos de la nieve! :D