Taieri Gorge Railway

En Nueva Zelanda los trenes son una atracción turística. Tuvieron su utilidad durante la fiebre del oro, pero al acabarse los pedruscos dorados y sobretodo con la llegada del oro negro y los carruajes de acero, el tren se quedó en el olvido.

Por suerte para los turistas, con su típica cámara al cuello, sombrero y pantalones cortos (si, aquí hay mucha gente que viste como si fuera verano), no todo el hierro de las vías fue reciclado. Algunas de las líneas de tren siguen utilizándose una vez al día en viaje de ida y vuelta para los turistas. Las que no tuvieron tanta suerte se han convertido en senderos para caminar o ir en bicicleta.

Para mantener el espíritu y de paso atraer al máximo número de turistas, los trenes son los mismos de hace 50 años. En el tiquet hay un aviso de que no se hacen responsables de nada de lo que le pueda pasar al pasajero (incluso si se despeña el tren por algún acantilado). El tren en concreto que voy a coger se llama Taieri Gorge Railway, porque pasa por el cañón de Taieri.

Las vistas son impresionantes y el trayecto de un par de horas se hace incluso corto. Pasamos por varios puentes de hierro haciendo un ruido rítmico que me recuerda a las películas del oeste que tanto me gustaba ver de niño. Yo siempre quise ser un indio en taparrabos y con cresta al estilo MA Barracus para poder asaltar trenes como este. La diferencia con el Oeste americano es básicamente una de color. Mientras el primero es rojizo, aquí el verde predomina. La cantidad de árboles y vegetación hace una mezcla entre alpina y amazónica, pero al salir del vagón a hacer fotos se te erizan todos los pelos empezando por la nuca y se hace inequívoca tu situación geográfica.

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