Copyright

Hoy ha venido Richard Stallman a dar una conferencia a la universidad. Stallman es el gurú del sofware libre. Él es uno de los creadores de la licencia GPL (General Public License) y el inventor de GNU (GNU is Not Unix), además de ser fundador de la FSF (Free Software Foundation). Pero su charla, pese a empezar con una breve discusión sobre el software libre, hoy trata sobre el copyright.

Stallman es un excelente orador, que durante 90 minutos mantiene al público atento sin ningún tipo de ayuda: nada de transparencias ni otros truquitos por el estilo. Aunque mi opinión respecto al copyright se acerca mucho a la suya, escuchar sus razones me ha enriquecido.

Richard Stallman lleva más de dos décadas luchando por el software libre y durante ese tiempo le ha dedicado muchas horas a razonar sobre ello. Según la FSF el software propietario no es ético, dado que nos priva a los usuarios de:
  • La libertad de ejecutar el programa, para cualquier uso.
  • La libertad de estudiar como funciona el programa y adaptarlo a nuestras necesidades.
  • La libertad de redistribuir copias para poder ayudar a tu vecino.
  • La libertad de mejorar el programa y publicar las mejoras al público para que toda la comunidad se beneficie.
(El acceso al cógico fuente también es precondición necesaria para la segunda y la cuarta.)

Después de mucho pensar sobre el tema, Stallman llegó a la conclusión que estas cuatro libertades no solo son aplicables al software, sino que también lo son a todo lo que se pueda copiar. De esa inspiración salió esta charla.

Dichas libertades eran la norma antes de que existiera la imprenta. Todos podían ejercerlas sobre poemas, novelas, canciones y demás obras en general. Copiar un libro era práctica habitual para los monjes y la única habilidad necesaria era saber leer y escribir. El propósito de tener estas libertades es el beneficio de la comunidad. En esos tiempos copiar era algo accesible a todos y de coste igual para todos.

Al llegar la imprenta las cosas cambiaron. Copiar usando una imprenta requiere conocimientos específicos mucho más complejos que saber leer y escribir, además del coste que representa comprar la imprenta. Pero si la tienes y la sabes usar el coste de 100 copias y de 1 es casi el mismo. A través de la imprenta se establece un oligopólio en el proceso de copia y la posibilidad de una economía de escala. Los pocos editores con acceso a una se hacían de oro mientras que los autores de obras apenas ganaban para sobrevivir, lo cual reducía el incentivo para crear obras. Fue en estas circunstancias que se creó la ley del copyright que da un monopolio temporal al autor de la obra sobre los derechos de copia como incentivo. De esta manera el flujo de cultura a la comunidad continúa.

Evidentemente la ley de copyright es una limitación al derecho de copia que todos tenemos. Pero en aquellos tiempos, ese derecho no nos era de gran valor por el coste de copiar por nosotros mismos. Así que cedieron el derecho a cambio de conseguir mayor cantidad de cultura. También sea dicho, el número de editores era suficientemente pequeño como para que fuera fácil hacer cumplir la ley de copyright.

Pero el día que Xerox inventó la impresora en 1969 todo volvió a cambiar. El ordenador personal e internet hicieron el resto. Con estas tres herramientas cualquier persona puede convertirse en un editor y distribuidor de obras. De repente todos volvimos a utilizar nuestro derecho de copia que habíamos cedido hace cinco siglos. Pero claro, las grandes empresas editoras y distribuidoras, que antes gozaban de un oligopolio, no se iban a quedar de brazos cruzados. Así empezó todo el movimiento antipiratería el cual equipara a un ladrón violento que roba objetos físicos, los cuales sus dueños no podrán volver a utilizar, con cualquier persona que copie algo sin que su autor pierda nada por ello ya que sigue teniendo el original.

Ante lo dicho algunos se preguntan "¿Sin copyright, cómo vamos a incentivar a los autores?" Stallman propone algunas maneras: 1) Impuestos a modo de canon. 2) Modificar la ley de copyright para limitar su duración y los casos para los que es aplicable. 3) Montar un sistema de mecenazgo online a través del cual sea fácil subvencionar a tus artistas preferidos de manera anónima. A mi personalmente me gusta más la tercera y también resultó ser su preferida. En España ya hemos visto que el canon se puede pervertir y ser utilizado por cuatro super estrellas para hacerse todavía más ricos (claro está que Stallman abogaba por una distribución de los impuestos de manera no lineal). La limitación del copyright que promueve sólo permite al autor cobrar por las copias de sus obras durante los 10 años posteriores a su publicación siempre y cuando el que realice la copia gane dinero con ello. Curiosamente la legislación española sigue esa pauta, pero parece que la SGAE quiere cambiarlo. Podría entrar en el tema mucho más profundamente, pero en cambio os remito a un libro de un abogado español que sabe mucho más que yo: "Copia este libro" de David Bravo.

Resulta indignante ver a las editoras utilizar una legislación arcaica que fue hecha contra ellas para atacarnos a nosotros. Si todos tenemos la capacidad de hacer algo que nos beneficia, solo mediante medidas draconianas podrán conseguir que dejemos de hacerlas. Por lo que leo a veces en las noticias ya han empezado. Eso es lo que me hace dudar sobre una simple modificación de la ley, acabarían por encontrar la manera de sortearlas.

Durante la tanda de preguntas hubo de todo. Lo más interesante fue ver lo moralista que es respecto a el uso del software. Según Stallman nadie debería utilizar, desarrollar o comprar software que no fuera libre, ni tampoco debería comprar ningún tipo de obra que tuviera DRM (Digital Restrictions Management) a no ser que fuera capaz de craquearla. Muchos programadores de software propietario pensarán que a través del software libre les sea más difícil ganarse la vida. Pero la comodidad y seguridad nunca han sido argumentos válidos si lo que se pierde es la libertad. Después de su charla me he sentido un poco culpable de tener un Mac ;-p

Saludos

Si hay algo que me gusta de vivir en una ciudad grande es la anonimidad. Poder pasear por sus calles y que nadie te diferencie de cualquier otro objeto en movimiento tiene sus ventajas. Una de ellas es que puedes hacer lo mismo con ellos. En una gran ciudad rara vez te encuentras con alguien que conoces, en tal circumstancia pueden pasar dos cosas: A) Si no quieres parar a hablar con la persona, simplemente haces un gesto mínimo con las cejas a la vez que haces un pequeño movimiento de cabeza. La otra persona, en caso de que también te reconozca, tiene la opción de devolverte el gesto o bien; B) Si quiere pararse a hablar utilizas el lenguaje hablado para empezar una conversación, normalmente empezando con un saludo, más o menos efusivo dependiendo de la alegría que te de encontrarte con tal persona.

Este sistema se ha extendido no solo a los encuentros fortuitos por la ciudad, sino que también funciona en un entorno laboral. Si te cruzas en el pasillo con alguien, tienes las mismas opciones y las reglas del juego son iguales. Cruzarse en el trabajo es algo habitual. Por lo tanto, aunque quieras parar a hablar con la otra persona, el saludo no será muy efusivo.

Pues este sistema no parece funcionar en Dunedin. Aquí cuando alguien se cruza contigo en el pasillo y no quieren una conversación no se limitan al simple gesto corporal mediante el cual reconoces su existencia. Sin parar de caminar dicen: "Hello, how are you?" Eso a mi entender es una pregunta, lo cual precede a una conversación. Al no entender el protocolo, en estas situaciones me paraba e intentaba continuar la conversación por educación (no es que realmente me pareciera necesario), mientras veía que ellos continuaban por su camino. Las primeras veces me quedaban en medio del pasillo perplejo, rascándome la cabeza mientras seguía con la vista al sujeto en cuestión.

Empecé a observar como actuaban los demás cuando se cruzaban para poder entender su protocolo. No me llevó mucho darme cuenta de como funciona. A continuación el ejemplo típico de protocolo cuando dos personas (Alice y Bob) se cruzan:

Alice: "Hello! How are you?"
Bob: "Good! And you?"
Alice: "Good! Thank you?"

Todo esto lo hacen si ni siquiera reducir la velocidad de su trayectoria. De hecho Alice debe empezar el protocolo con suficiente antelación para que haya el tiempo suficiente a acabarlo antes de cruzarse. De esta manera ninguno tiene que alterar su camino. Siendo esa la máxima expresión de educación. Lo más gracioso es que nadie espera que digas la verdad respecto a cómo te encuentras. Ya que así estarías forzando una conversación que probablemente no deseen. No les importa tu salud, ni como te va, simplemente es parte del protocolo. Me parece que su único propósito es subirle a uno el ánimo al ver que otro reconoce su existencia. Personalmente, creo que con un gesto de ceja y cabeza hay más que suficiente para eso. Reconozco tu existencia, pero nome importa como estás. Así es más simple y no hay falsedad.

He intentado seguir el protocolo cuando me cruzo con alguien que lo empieza, pero me siento sucio. Yo casi nunca lo empiezo, prefiriendo mi gesto de reconocimiento. Pero cuando lo empiezo es como si fueras un muñeco a pilas al que le das a un botón para que hables. Después de estudiar el fenómeno lo comenté con Mariusz que me ha comentado otra variante. Consiste en simplemente responder a la pregunta "How are you?" sin preguntar tu después al otro. Me parece que la utilizaré a partir de ahora a ver si así no me siento incómodo al cruzarme con alguien por el pasillo.

Frío

La ciudad despierta helada.
Sus habitantes, convertidos en pingüinos, se deslizan por sus calles.
Los coches han quedado inmóviles, como dinosaurios de otra época, atrapados por el frío.
Una capa de fósiles helados cubre sus cuerpos.
Las plantas, que anhelaban en sueños, forman un mosaico translúcido a su alrededor.
Los pingüinos pasan sin mirar, no sea que al pararse sus sueños vuelvan a recordar.

Doubtful Sound

Otra de las grandes atracciones del parque natural de Fiordland es Doubtful Sound. Para este destino no hay opción aventurera rápida y opto por reservar plaza en un crucero.

Doubtful Sound es más remoto incluso que Milford Sound. Hay una carretera sin asfaltar que une la central hidroeléctrica del lago Manapouri y el mar. Pero no hay manera de llegar en automóvil a esta carretera. La razón viene siendo que la carretera se construyó con el único objetivo de llevar los materiales para la construcción de la central y a los obreros desde el mar. La central en sí es única por no formar parte de un pantano sino de un lago ya existente. La formación montañosa de la zona no existe en muchos otros lugares tan cerca del mar, que está tan solo a escasos kilometros y 178 metros por debajo del lago. Para la central taladraron un túnel a través de la montaña y pusieron los generadores al final para que la presión del agua los activara sin necesidad de inundar la zona.

Para llegar a la carretera de la central hay que coger un crucero que atraviesa el lago Manapouri. Según los de la zona es el lago más bonito de Nueva Zelanda y yo no me atrevería a discutírselo. El crucero a través del lago me ha dejado como poco impresionado, por no saber escoger una palabra mejor. Manapouri significa "corazón dolido", pero no es el nombre Maorí original del lago. El nombre original era Moturau, que significa "muchas islas", con razón. El lago es el quinto más grande de Nueva Zelanda y en el sobresalen decenas de islas de tamaños variados. La mayoría de las islas están plagadas de ratas y zarigüeyas, que los de la zona están intentando erradicar para que sirvan de paraíso a las aves locales. El lago está rodeado de montañas con cumbres nevadas y acariciadas por las nubes. Allá donde mires está lleno de estampas dignas de postal.

Dos compañeros de hostal me acompañan en este crucero. Uno de ellos es un australiano, Jonathan el dentista, que ahora está de vacaciones por aquí. Jonathan es de origen indio-portugués y juntos hemos tenido conversaciones muy interesantes. Muchas de estas conversaciones ocurrieron durante este viaje, interrumpidas constantemente por el afán de ambos por fotografíar la maravilla a nuestro alrededor.

Una vez en el lado Oeste del lago Manapouri, un autocar nos recoge para llevarnos a través de la jungla hasta el mar. La carretera semiasfaltada costó mucho dinero en su época y se mantiene gracias al turismo. Al cruzar un parque natural patrimonio de la humanidad, ahora sería imposible contruir algo así. Todavía se ven los efectos de la construcción en algunos árboles. Las riadas, aquí abundantes, también hacen destrozos en la carretera que al menos tienen permiso para reparar. Todo ello pagado por impuestos a los coches que la circulan.

Doubtful Sound no es tan impresionante como Milford, pero es mucho más grande. Tanto en anchura como en longitud. Al contrario que Milford, Doubtful tiene varios fiordos que topan con el central. En las laderas de las montañas hay grandes huecos sin vegetación formados por deslizamientos de roca causados por el último gran terremoto hace unos años: 7 en la escala de Richter. Los terremotos aquí son algo natural, ya que la placa tectónica en la que se encuentra Nueva Zelanda avanza y se monta encima de la australiana. Esto hace que las montañas sigan creciendo a un ritmo similar al de nuestras uñas.

En Doubtful Sound todavía hay menos construcción que en Milford. Aquí sólo hay una carretera con un refugio para colegios que traigan aquí a los alumnos a pasar el unos días lejos de la civilización y una cabaña en medio del mar que utilizan los del DOC como base para hacer estudios. Con el barco nos acercamos a la cabaña para llevarles el periódico de ayer. Algo es algo.

Hoy no hace un día tan estupendo como el que disfruté en los kayaks. Una llovizna intermitente y el cielo encapotado nos acompañan durante todo el recorrido. Al no hacer mal tiempo tenemos la oportunidad de salir hasta el inicio del mar de Tasmania. De camino un grupo de delfines nadan a nuestro alrededor, utilizando la estela del barco como trampolín para demostrarnos su destreza en el agua. Más adelante queda la colonia de focas donde decenas de ellas parecen estar haciendo la siesta. Solo las más jóvenes se mueven. El capitán del barco parece emocionado. Dice que no había visto delfines y focas el mismo día desde hacía 19 años. Soy un tipo con suerte.

Los fiordos inundados por el mar de esta zona tienen un atractivo especial para los buceadores y estudiosos del mar. Al tener tanta lluvia y estar resguardados de las embestidas del mar, una capa de agua dulce queda flotando por encima del agua salada sin mezclarse. El agua dulce actúa a modo de reflector solar, impidiendo que los rayos de luz la atraviesen con la facilidad con la que están acostumbrados. El fondo marino queda entonces más oscuro de lo que es normal a esa profundidad y muchos animales habituales de los abismos marinos encuentran aquí un habitat ideal.

Ya en el camino de vuelta al puerto, nos desviamos por uno de los fiordos laterales especialmente refugiado de las olas. El capitán del barco nos invita a quedarnos quietos mientras él apaga los motores y el barco va a la deriva. Así podemos, durante unos minutos, escuchar el sonido de la jungla. Miles de pájaros habitan la zona y cantan con gozo. Nosotros tenemos la suerte de poderlos oir durante un rato mientras no vuelven a ponerse en marcha los motores. Esa es la lástima del crucero a motor, que inunda de ruido un paisaje tan bello. Más me hubiera gustado a mi llegar aquí por mi propio pie para poder disfrutar de estos sonidos menos habituales aunque, últimamente, familiares.

A la vuelta volvemos a atravesar el lago Manapouri. Ahora el sol se esconde detrás de las montañas dejando un resplandor a su alrededor, reflejado entre las nubes. Pronto la oscuridad prevalecerá en estos valles bañados en agua.

Milford Sound

El parque natural de Fiordland es patrimonio de la humanidad por su gran belleza. Como indica su nombre está lleno de fiordos esculpidos durante miles de años por los glaciares que hubo en la zona durante el período cuaternario. Algunos de estos fiordos ahora están inundados por lagos y otros incluso por el mar. Hoy voy de visita al fiordo Milford, que supuestamente es el más bello de todos.

La leyenda Maorí cuenta que el semidiós Tuterakiwhanoa utilizó su hacha para moldear la roca a su actual forma. Tuterakiwhanoa empezó por el extremo sur de la costa Oeste y fue subiendo. Los primeros fiordos son más anchos, con menos montañas impresionantes y tienen más islas. Esto es debido a que todavía no era diestro en la técnica. A medida que fue subiendo fue mejorando. El último fiordo en moldear fue Piopiotahi (Milford Sound), con él quedó satisfecho al haber creado una obra perfecta.

A las ocho de la mañana me pasa a buscar una furgoneta delante del hostal YHA Te Anau. Dentro ya hay otros cinco aventureros. Como voy solo el conductor me invita a hacer de copiloto. La carretera que lleva de Te Anau a Milford Sound tiene las vistas más impresionantes que haya visto nunca desde un coche. Nos adentramos en un valle cada vez más estrecho donde se pueden ver los restos de las avalanchas anteriores. La carretera es también de las más peligrosas del planeta por atravesar decenas de recorridos de avalanchas. El valle es el típico en forma de U por la acción de los glaciares, pero los picos acumulan nieve en sus laderas de 45 grados. Perfecto para avalanchas. Si cayera alguna se formaría una ventolera de cientos de kilómetros por hora, y si eso no te hiciera salir de la carretera después vendrían cientos de metros cúbicos de nieve para sepultarte.

Por el camino, el conductor para en varios sitios para que podamos hacer fotos tranquilamente. Llegados al final del valle, no hay más salida que el tunel Homero que se construyó para unir Milford Sound con Te Anau a través de esta carretera. Para llegar a Milford por tierra firme hay tres opciones, o pasas por el túnel, o escalas la montaña, o hacer el sendero Milford de cuatro días.

Al salir al otro lado del túnel el paisaje sigue siendo excepcional, nos queda media hora de curvas hasta llegar a la altura del mar. Ya desde arriba el reflejo del sol en el agua del mar que ha inundado el fiordo te atrae hacia él. Hemos tenido mucha suerte con este día soleado. Este lado de las montañas tiene una cuota anual de 7 metros de lluvia. Casi nada.

En Milford no hay apenas construcciones. Sólo un Hostal a medio kilómetro del mar y a la orilla del mar un par de chozas para pescadores y un lavabo público. Los guías de kayak duermen en un par de caravanas al lado de las chozas. El mito Maorí tiene una explicación para tan poca civilización. Al acabar de hacer Piopiotahi, Tuterakiwhanoa hizo una fiesta para celebrar su obra. Invitó a todos los dioses y semidioses para que admiraran su escultura. Su hermana Hinenuitepo, que era muy maja pese a ser la diosa de la muerte, quedó impresionada lo cual la llevó a preocuparse. El hombre, tarde o temprano, querría vivir en este paraíso y lo destruiría talando los bosques y construyendo casas. Para evitar tal desgracia creo "te manu" e infestó la zona con ellos. Te manu son pequeños mosquitos succionadores de sangre que dejan una picada que dura al menos 10 días (eso si no te rascas). Por suerte en invierno no abundan tanto, pero dicen que en verano son una auténtica plaga y tocan a 20 por turista. Si se te ocurre matar uno, vienen 20 más a su entierro.

En una tienda de campaña militar guardan todo el material para hacer kayak. Nos dan mallas y camiseta de ese material que seca rápido, un polar grueso, una falda para el kayak, una chaqueta impermeable, y unos guantes de neopreno que se adhieren al remo. La falda queda sujeta al kayak para que no entre agua. Siguiendo el consejo de la guía irlandesa (más fea que pegarle a un padre), me vuelvo a poner mis pantalones encima de las mallas.

Los kayaks son en plan tándem y los llaman "kayak divorcio". La persona que va detrás tiene unos pedales para mover el timón y tiene el control casi total de la dirección que toma la pareja, causa de muchas discusiones que terminan en los tribunales. Yo voy solo y me van a poner a alguien de pareja. Como no tengo muchas ansias de control, me pongo delante de un kayak donde nadie me tapará las vistas. Un grupo de tres (pareja con hijo) discuten quien irá conmigo. El marido, temiendo el divorcio, prefiere venirse a mi lado. Pero la irlandesa fea dice que es mala idea tener a la madre y el niño, los más flojos, en el mismo kayak y me hace cambiar por el chaval que estaba detrás de su madre. El marido sonriendo me dice que me prepare para que me chillen.

Jackie es ahora mi compañera de kayak, originalmente de Hawai'i pero allí nadie le enseñó a remar. El movimiento lo hace, pero tiene la consistencia de una medusa. Si yo no remo apenas nos movemos y cuando ella deja de remar apenas noto la diferencia. No sólo me toca a mi hacer todo el esfuerzo sino que encima tengo que dirigir la canoa a la vez. Ya sabéis los problemas que tenemos los hombres haciendo dos cosas a la vez. Su cabeza, pese a no ser demasiado grande, me tapa la panorámica. Como yo tengo el control del timón cuando me apetece hacer una foto o admirar el paisaje, simplemente giro la canoa para apartarla del medio. A pesar de lo que dijera su marido, no me grita.

Al principio de la escapada se levanta algo de viento dificultando la navegación, pero la calma vuelve pronto y no se presentan mayores dificultades. La guía nos avisa de que no nos alejemos no sea que nos metamos delante de alguno de los cruceros que frecuentan el fiordo. Al ir en un kayak nos podemos acercar mucho más a la costa rocosa. Durante todo el recorrido en kayak tenemos el pico Mitre delante de las narices. Mitre tiene la segunda pared más alta del mundo que da a parar al mar. La primera parada la hacemos delante de una cascada que últimamente no baja muy llena por la reciente sequía. Jajaja, me río yo de las sequías de esta zona, se tendrían que pasar por Murcia.

Continuando por el lateral, bien cerca de las rocas, nos encontramos con dos focas subidas a una roca. Según la guía, son dos machos jóvenes que han sido expulsados de la colonia principal por los machos dominantes que los empezaban a ver como una amenaza. Unos cien metros más adelante se acaba el recorrido por este lado de la costa y toca cruzar hacia la otra. Para no tener problemas, nos esperamos a que pase un crucero. Viendo que se acercan las olas de la estela, giro la canoa para que quede paralela a las olas. De esta manera nos zarandean más. Por un momento me gustaría que volcáramos. El agua está fría pero tampoco tanto y remar bajo el sol ha hecho que empiece a sudar. Además, sería divertido ver a Jackie gritando como una loca e intentando volver a subirse al kayak. Lo sé, soy malvado.

Al otro lado del fiordo el mar no es tan profundo y el agua se torna de color turquesa. Jackie y yo vamos primeros cuando excitado empiezo a gritarle. PINGÜINOS!! Una pareja de pingüinos cejones (los propios de Fiordland) están en una roca. Pese a ser una especie muy tímida, el macho no se esconde y se queda posando ante nuestras cámaras. La hembra está escondida, pero es curiosa y va asomando la cabeza de vez en cuando. Ir en kayak nos permite acercarnos a apenas 3 metros de ellos. Todos los demás se han marchado, pero a mi me cuesta separarme de mis nuevos amigos. Al final acabo acordándome de la ineptitud de Jackie al remo y prosigo la marcha.

A estas alturas casi hemos cerrado el círculo que empezamos a 100 metros de la salida, pero no es el final del recorrido. Todavía nos queda rodear dos islas formadas en la desembocadura de uno de los ríos de la zona. Por aquí apenas hay viento y el mar está calmado como una piscina en invierno. A medida que avanzamos vemos algo que se mueve en el agua. Es otra foca que está buscando comida entre las rocas. Después de rodear la segunda isla tenemos una vista impresionante del fondo del valle. La guía se ofrece a hacernos fotos e inmortalizar la ocasión. Después de esperar en la cola para hacernos las fotos nos volvemos al mini-puerto.

Ya me lo iba temiendo, pero al salir del kayak certifico que el agua se estaba filtrando y tengo los pantalones mojados casi al completo. Al quitarme la ropa encuentro al culpable: un agujero en la parte trasera de mi falda. La guía me dice que no me preocupe por el agujero, pero no es el agujero lo que me preocupa sino mis pantalones mojados. Espero que se sequen durante el camino de vuelta en coche.

El conductor nos lleva de vuelta a Te Anau y todavía tiene un par de ases guardados. Antes de llegar al túnel nos paramos en un aparcamiento de donde sale un camino que lleva a unas cascadas que han tallado la roca mejor que ningún escultor. Su segundo as lo tiene al otro lado del túnel, en un terraplen desde el cual se puede hacer fotos increibles de las montañas. Entre las montañas está el Harris Saddle. Parece que fue hace meses cuando gateaba por la nieve en solitario a través de él para después desviarme bajando por el bosque frondoso y acabar en un cámping rústico.

Su tercer as (no hay dos sin tres) esta en la parte del valle cuando este ya empieza a ensanchar. Desde aquí uno queda miniaturizado entre tanta montaña. Saltos de alegría me hacen volver a crecer. ¡¡Hoy me siento flex!!

Final del mes budista

Hará una semana o más que finalizó el experimento budista. No es que pueda decir que lo he cumplido todo a rajatabla. Alguna norma he roto. Pero ha sido una buena experiencia de la cual he sacado algunas conclusiones.

Vivir una vida de ascetismo no es tan complicado una vez te has metido en ello. Hay dos problemas que te impiden conseguirlo. Por un lado están tus deseos que a veces son difíciles de controlar. Para mi lo más dificil ha sido controlar los pensamientos carnales. A menudo me regodeaba con ellos aunque nunca fueran más allá. El segundo problema y en gran parte el principal, es la falta de comprensión y apoyo de los que te rodean. Los menos cercanos piensan que estás algo majara pero les divierten tus historietas, hasta aquí bien. Los que te son más cercanos son los que te lo ponen más difícil. No tengo muy clara la razón, pero no deja de sorprenderme que tus seres queridos sean a veces los más intransigentes. A esta conclusión he llegado en parte por experiencia propia y en parte por lo que he observado en mis compañeros budistas.

De las normas, muchas ya las seguía y pretendo continuar siguiéndolas. También han surgido discusiones muy interesantes acerca de lo que significan ciertas normas, en especial el no mentir y no manejar dinero. Otras normas me han sorprendido con la facilidad con la que las he podido seguir. Concretamente me refiero a la dieta vegetariana. Con los pocos datos que tengo no puedo concluir que la dieta haya sido una causa mayor de mi pasa de gripe, probablemente la falta de higiene en el suelo de mi cuarto sea mayor causa. No me siento flojo ni mucho menos, voy a escalar y suelo hacer deporte intenso los fines de semana sin notar fatiga. La única diferencia física es la cantidad de flatulencias malolientes que desprendo a lo largo del día. Lo siento por todos vosotros de corazón porque no tengo intención de volver a mi dieta anterior. He aquí las cuatro razones:
  1. Muchos estudios científicos dicen que es más saludable y quiero comprobarlo. Con un mes no tengo suficiente.
  2. Comer carne es ineficiente. Se necesitan 10 veces más metros cuadrados para producir la misma cantidad de nutrientes de origen animal que de origen vegetal.
  3. Reducir el sufrimiento en el mundo. Si se puede vivir saludablemente sin necesidad de matar, ¿por qué hacerlo?
  4. Para poder explorar como afecta lo que comes a lo que piensas.

Soy consciente de que no tengo respuestas a todas las preguntas que surgen, ni a todas las críticas. Pero será curioso explorar este camino.

Esquiada

Jamie, un compañero de Lovelock que está estudiando medicina durante unos meses en NZ, ha montado una escapada a Wanaka para ir a esquiar con otro colega suyo: Jamie 2. Los dos son bastante majos y me recuerdan a mis colegas de Barcelona (jugando a la play todo el día y demás actividades poco saludables). Jamie me lo ha comentado y yo me he apuntado. A estas alturas el gripazo ya no me molesta. Por fin, a esquiar en Agosto!!

Ya tenemos todo metido en un Mazda familiar que hemos alquilado. El viaje lo hacemos de día hacia Wanaka por una carretera secundaria para ver los escenarios que utilizaron en el señor de los anillos. Lo que yo decía, tan frikis como algunos de mis amigos. A medio camino paramos en un chiringuito donde hacen unos helados increíbles con frutas del bosque molidas en una máquina, hmmmmm. Una hora después llegamos a nuesro destino. El hostal Wanaka Bakpaka esta a 30 metros del lago que da el nombre al pueblo. Como la mayoría de los lagos de la isla sur, está rodeado de montañas por todas partes. El hostal está bastante bien y nuestra habitación ya tiene un huésped japones de veintipocos que está currando en NZ: Taka. No veas el cachondeo con el nombre. Taka taka... takatá.

A la mañana siguiente nos despertamos todos hiper temprano para ir a esquiar a Cardrona, pero antes pasamos por una tienda a alquilar los mejores esquís que encuentro, unos Armada ARV de hace dos temporadas. La previsión del tiempo parece equivocada, aquí hace sol. Pero en cuanto empezamos a subir por la montaña en la carretera sin asfaltar, tenemos que darle la razón al gurú del tiempo. Por suerte hemos sido previsores y hemos alquilado también unas cadenas. Después de tres intentos conseguimos que dejen de saltar y podemos seguir nuestro camino. Esto no es como Europa, aquí las pistas de esquí están a una hora de cualquier pueblo y las carreteras que llevan a ellas no están asfaltadas ni tienen ningún tipo de quitamiedos. Toda una aventura.

Una niebla de cojones cubre Cardrona. Al principio se puede ver lo suficiente para esquiar. Jamie se pasa toda la mañana enseñando a Jamie a hacer snowboard mientras yo me voy de punta a punta viendo apenas 10 metros más allá de mis narices. Pasado el medio día quedamos en el comedor para comer. Yo sigo en mis trece de ser vegetariano y me tomo una sopa de vegetales bastante buena. Los Jamies se han apiadado de mi y no hemos traido carne para las cenas en el hostal.

Después de comer Jamie ha cesado en su empeño de aprender a surfear y Jamie se viene conmigo a esquiar por la montaña. Jamie ha resultado ser un total inepto sobre nieve, pese a que le encanta todo lo relacionado con el deporte. Es una enciclopedia humana en el tema. La niebla ha empeorado notablemente mientras comíamos. Después de la primera bajada por una pista Jamie dice que pasa de esquiar en estas condiciones, no lleva esquiando tantos años como para tener tantas ansias. En el fondo tiene razón pero yo si que tengo mono. Así que mientras él solo hace una bajada más yo me quedo hasta el final. Es cierto que da mal rollo no saber que tienes a dos metros de ti, seguramente un precipicio. Pero lo peor es el viento helado y la lluvia que se congela al tocarte, dejando una capa de hielo en las gafas en menos que canta un gallo.

NOTA: El lío de Jamies lo he hecho a posta para que veáis como me sentía yo. A partir de ahora a mi compañero de resi lo llamo Jamie y al otro James para facilitar la lectura.

Un par de bajadas más y me reuno con los Jamies en el coche. No hace falta poner las cadenas porque no nos habíamos molestado en quitarlas. Después de bajar media montaña nos deshacemos de la nube y nos damos cuenta de que el resto del valle está soleado. Tócate las narices, pero no muy fuerte no sea que se te vaya a caer de lo congelada que está.

Desde el hostal miramos la previsión del tiempo y para nuestro asombro el pronóstico para mañana no mejora mucho. Todos estamos de acuerdo en que no vale la pena ir a esquiar en esas condiciones otra vez. Al día siguiente perreamos y no nos levantamos de las literas hasta que nos duele la espalda. La previsión del tiempo parece que ha cambiado radicalmente. Cardrona sigue en sus trece pero Treble Cone se augura soleado. Nos vamos para allí del tirón, aunque hemos perreado tanto que sólo nos da tiempo de coger forfait de medio día. En el aparcamiento veo los primeros Kea de cerca. Los Kea son los únicos loros alpinos del mundo y supuestamente los pájaros más inteligentes que hay. En el aparcamiento había al menos media docena dando vueltas en busca de comida. Son famosos por su afán destructivo y he podido comprobar como destrozan las fundas de las ruedas de repuesto de los 4x4 sin problema alguno.

Treble Cone es la estación de esquí para esquiadores por escelencia. También es bastante más cara. Cardrona es más fácil y tiene fama de ser para snow board, pero no deja de ser cara. Sobre todo teniendo en cuenta las instalaciones. Entre las dos estaciones cuentan con cinco telesillas en total, uno de ellos es lentísimo y otros dos no tienen ni respaldo para los pies. Todo a un precio igual que en los alpes. Para flipar.

James se anima a subir a un telesilla para bajar por la única pista verde que hay mientras Jamie le intenta enseñar sin éxito. Yo atajo por el centro en plan fuera pista semi pisada, porque aquí no hay ningún árbol y puedes ir por cualquier parte. Como a mi me gustan mucho las pistas empinadas y con bumps, me lo paso pipa. Incluso en una escapada de los Jamies me voy al otro lado a ver el snowpark. No me quedo mucho porque no da el sol y hace un viento del carajo. Al otro lado se está mejor. Las vistas desde aquí no tienen desperdicio. Se ve todo el valle con el lago Wanaka a tus pies.

El día se acaba pronto, pero con tanta visibilidad lo he aprovechado hasta quedarme exhausto. Jamie se había pegado un golpe contra otro esquiador y había parado de esquiar. Al final del día nos volvemos todos para el hostal bastante contentos. Mañana tiene que hacer buen tiempo y volveremos a Cardrona para verlo sin niebla.

Pese a intentar levantarnos temprano el tercer día, Jamie se había empeñado en encerar su tabla para aprovechar al máximo la nieve y hemos salido pasadas las diez hacia las pistas. El tiempo parece haber mejorado porque esta vez tampoco necesitamos las cadenas. No obstante, al llegar arriba nos encontramos otra vez con la nube y nos sumimos en depresión. Falsa alarma!! Hay suficiente visibilidad e incluso momentos de sol. La nube no tarda en subir. El día promete.

James hoy pasa de esquiar. Ha dado por finalizado su intento de aprender dándose a si mismo por caso perdido. Así que mientras él se queda en el bar tomando cerveza Speights, Jamie y yo nos vamos a esquiar. Cardrona es famosa para los que hacen snow no solo por ser de pendiente más suave sino por el PEDAZO DE SNOWPARK QUE LO FLIPAS!! Cuatro Kicker pequeños, 3 súper kickers, barandas a tuti plen de todos los tipos y formas, un half pipe para principiantes y otro tamaño competición y un border cross para rematar la faena. Jamie también es un friki de los parques y nos pasamos casi toda la mañana ahi metidos. Al principio a mi me da algo de rollo hacer barandas pero al final me animo y hago unas cuantas. Lo bueno del snow park es que ocupa toda una bajada de principio a fin, la del telesilla grande. Así que no hace falta caminar y puedes hacer bajadas largas y volver a coger el telesilla. Una delicia, el mejor snowpark que he visto en mi vida. Según Jamie, que ha esquiado en más sitios que yo, también es el mejor que él ha visto.

Para comer volvemos al comedor donde hemos quedado con James. Para no perder el tiempo comemos uno de los bocadillos ya preparados y patatas fritas. No hay tiempo que perder y será mejor darse prisa. En menos de lo que canta un gallo nos estamos despidiendo de James y de vuelta a las pistas. Hemos decidido descansar un poco del snowpark y vamos a hacer bajadas. Ahora que puedo ver es mucho más divertido. Jamie prefiere las pistas pisadas pero yo me voy hacia los lados en busca de desniveles más bestias y algun pedazo de nieve sin pisar. Jamie acaba por marcharse a hacerle compañía a James antes de que cierren las pistas, pero yo me quedo a hacer alguna bajada más.

Al subir el telesilla me llama la atención un fuera pista que hay saliéndote de una pista verde que une los dos valles. Me voy para allí directo. Una vez en el sitio me paro mientras todos los demás siguen el caminito bien marcado. Tengo medio esquí asomando la bajada con un desnivel de unos 45 grados... KOWABUNGAAAA!! A saco hacia abajo sin frenar. El tiempo se vuelve más lento y siento como la gravedad me empuja hacia abajo, tengo tiempo de ver los montones de nieve y escoger el mejor camino entre ellos. Mis piernas, a forma de muelle, bailan de lado a lado dando saltitos que hacen sentir un cosquilleo en el estómago. Pese a lo lento que pasa el tiempo la bajada se hace corta. Otra vez en el telesilla me doy cuenta de que todavía hay un barranco más empinado un poco más a la derecha. Muhahahahahaha!!!

Cuando llego al fuera pista me encuentro a un grupo de cuatro esquiadores por el mismo sitio que pretendo bajar. Espero unos segundos para ver si bajan y puedo ir a mis anchas, pero está claro que van a tardar demasiado. Están acojonados yendo de lado a lado para no enfrentarse a la pendiente. Bajan lentamente a modo de Z y yo no tengo la suficiente paciencia como para esperar a que acaben, que les den. KOWABUNGAAAA!!! Me tiro a piñón por enmedio inclinándome para tomar la vía directa. El tiempo se vuelve a ralentizar y me da la sensación que los otros esquiadores ni se mueven, así que escojo el mejor camino para poder sortearlos y vuelvo a las andadas. Mientras bajo ni me preocupo en mirarles, pero noto su miedo. Me encanta el cosquilleo en el estómago en cada rebote entre los bumps y la sensación de control pese a que no creo que pudiera frenar dada la pendiente. Los otros esquiadores hacen las Z para poder seguir frenando en cualquier momento, pero así no es divertido. Pronto vuelvo a llegar al final del telesilla y esta vez cambio de valle para volver con los Jamies. Ha sido un gran final de esquiada.

La vuelta a casa me la paso durmiendo en el coche. Tres días intensos esquiando en el hemisferio sur te dejan más que satisfecho... deshecho.

Enfermedad

Ya he pasado el ecuador de mi estancia en Nueva Zelanda. En apenas dos meses aquí, ya es la segunda vez que caigo enfermo. Ya se que aquí es invierno y la gripe y los resfriados son lo habitual. Pero no es que yo caiga enfermo a menudo. En Barcelona apenas enfermo de gripe una vez cada dos años o así. Resfriados casi nunca lo suficientemente graves como para tener que medicarme.

Me daba a mi en la nariz que esto tiene dos posibles causas: Dormir en el suelo cerca del polvo y los famosos ácaros y/o una alimentación mal equilibrada por no saber sobre dietética vegetariana. A dos días del final del experimento budista he decidido romper la regla de la cama. Uno de los médicos de la residencia Lovelock me ha puesto el trasto ese para oir los pulmones y ha dictaminado que no es una bacteria. Lo que tengo es un gripazo del quince con fiebre y tos incluída. Los primeros dos días ni me atrevía a toser del dolor que me provocaba, pero ahora ya no duele y toso descontrolado (incluso me he provocado una pequeña úlcera en el cuello de la garganta).

Un tanto desanimado, le he comentado a Mariusz mi tragedia y me ha consolado diciendo que es habitual en los que vienen a Nueva Zelanda. Parece ser que durante los dos primeros años la gente tiende a enfermar más de lo habitual y pasado el periodo de prueba o vuelves a la normalidad o empeoras. Yo no me quedaré en NZ el tiempo suficiente para averiguar a qué grupo pertenezco. Lo que más me fastidia es haber tenido que cancelar mis aventuras de este fin de semana a los lagos de color turquesa: Pukaki y Tekapo. VAYA NOMBRES!!