Esquiada

Jamie, un compañero de Lovelock que está estudiando medicina durante unos meses en NZ, ha montado una escapada a Wanaka para ir a esquiar con otro colega suyo: Jamie 2. Los dos son bastante majos y me recuerdan a mis colegas de Barcelona (jugando a la play todo el día y demás actividades poco saludables). Jamie me lo ha comentado y yo me he apuntado. A estas alturas el gripazo ya no me molesta. Por fin, a esquiar en Agosto!!

Ya tenemos todo metido en un Mazda familiar que hemos alquilado. El viaje lo hacemos de día hacia Wanaka por una carretera secundaria para ver los escenarios que utilizaron en el señor de los anillos. Lo que yo decía, tan frikis como algunos de mis amigos. A medio camino paramos en un chiringuito donde hacen unos helados increíbles con frutas del bosque molidas en una máquina, hmmmmm. Una hora después llegamos a nuesro destino. El hostal Wanaka Bakpaka esta a 30 metros del lago que da el nombre al pueblo. Como la mayoría de los lagos de la isla sur, está rodeado de montañas por todas partes. El hostal está bastante bien y nuestra habitación ya tiene un huésped japones de veintipocos que está currando en NZ: Taka. No veas el cachondeo con el nombre. Taka taka... takatá.

A la mañana siguiente nos despertamos todos hiper temprano para ir a esquiar a Cardrona, pero antes pasamos por una tienda a alquilar los mejores esquís que encuentro, unos Armada ARV de hace dos temporadas. La previsión del tiempo parece equivocada, aquí hace sol. Pero en cuanto empezamos a subir por la montaña en la carretera sin asfaltar, tenemos que darle la razón al gurú del tiempo. Por suerte hemos sido previsores y hemos alquilado también unas cadenas. Después de tres intentos conseguimos que dejen de saltar y podemos seguir nuestro camino. Esto no es como Europa, aquí las pistas de esquí están a una hora de cualquier pueblo y las carreteras que llevan a ellas no están asfaltadas ni tienen ningún tipo de quitamiedos. Toda una aventura.

Una niebla de cojones cubre Cardrona. Al principio se puede ver lo suficiente para esquiar. Jamie se pasa toda la mañana enseñando a Jamie a hacer snowboard mientras yo me voy de punta a punta viendo apenas 10 metros más allá de mis narices. Pasado el medio día quedamos en el comedor para comer. Yo sigo en mis trece de ser vegetariano y me tomo una sopa de vegetales bastante buena. Los Jamies se han apiadado de mi y no hemos traido carne para las cenas en el hostal.

Después de comer Jamie ha cesado en su empeño de aprender a surfear y Jamie se viene conmigo a esquiar por la montaña. Jamie ha resultado ser un total inepto sobre nieve, pese a que le encanta todo lo relacionado con el deporte. Es una enciclopedia humana en el tema. La niebla ha empeorado notablemente mientras comíamos. Después de la primera bajada por una pista Jamie dice que pasa de esquiar en estas condiciones, no lleva esquiando tantos años como para tener tantas ansias. En el fondo tiene razón pero yo si que tengo mono. Así que mientras él solo hace una bajada más yo me quedo hasta el final. Es cierto que da mal rollo no saber que tienes a dos metros de ti, seguramente un precipicio. Pero lo peor es el viento helado y la lluvia que se congela al tocarte, dejando una capa de hielo en las gafas en menos que canta un gallo.

NOTA: El lío de Jamies lo he hecho a posta para que veáis como me sentía yo. A partir de ahora a mi compañero de resi lo llamo Jamie y al otro James para facilitar la lectura.

Un par de bajadas más y me reuno con los Jamies en el coche. No hace falta poner las cadenas porque no nos habíamos molestado en quitarlas. Después de bajar media montaña nos deshacemos de la nube y nos damos cuenta de que el resto del valle está soleado. Tócate las narices, pero no muy fuerte no sea que se te vaya a caer de lo congelada que está.

Desde el hostal miramos la previsión del tiempo y para nuestro asombro el pronóstico para mañana no mejora mucho. Todos estamos de acuerdo en que no vale la pena ir a esquiar en esas condiciones otra vez. Al día siguiente perreamos y no nos levantamos de las literas hasta que nos duele la espalda. La previsión del tiempo parece que ha cambiado radicalmente. Cardrona sigue en sus trece pero Treble Cone se augura soleado. Nos vamos para allí del tirón, aunque hemos perreado tanto que sólo nos da tiempo de coger forfait de medio día. En el aparcamiento veo los primeros Kea de cerca. Los Kea son los únicos loros alpinos del mundo y supuestamente los pájaros más inteligentes que hay. En el aparcamiento había al menos media docena dando vueltas en busca de comida. Son famosos por su afán destructivo y he podido comprobar como destrozan las fundas de las ruedas de repuesto de los 4x4 sin problema alguno.

Treble Cone es la estación de esquí para esquiadores por escelencia. También es bastante más cara. Cardrona es más fácil y tiene fama de ser para snow board, pero no deja de ser cara. Sobre todo teniendo en cuenta las instalaciones. Entre las dos estaciones cuentan con cinco telesillas en total, uno de ellos es lentísimo y otros dos no tienen ni respaldo para los pies. Todo a un precio igual que en los alpes. Para flipar.

James se anima a subir a un telesilla para bajar por la única pista verde que hay mientras Jamie le intenta enseñar sin éxito. Yo atajo por el centro en plan fuera pista semi pisada, porque aquí no hay ningún árbol y puedes ir por cualquier parte. Como a mi me gustan mucho las pistas empinadas y con bumps, me lo paso pipa. Incluso en una escapada de los Jamies me voy al otro lado a ver el snowpark. No me quedo mucho porque no da el sol y hace un viento del carajo. Al otro lado se está mejor. Las vistas desde aquí no tienen desperdicio. Se ve todo el valle con el lago Wanaka a tus pies.

El día se acaba pronto, pero con tanta visibilidad lo he aprovechado hasta quedarme exhausto. Jamie se había pegado un golpe contra otro esquiador y había parado de esquiar. Al final del día nos volvemos todos para el hostal bastante contentos. Mañana tiene que hacer buen tiempo y volveremos a Cardrona para verlo sin niebla.

Pese a intentar levantarnos temprano el tercer día, Jamie se había empeñado en encerar su tabla para aprovechar al máximo la nieve y hemos salido pasadas las diez hacia las pistas. El tiempo parece haber mejorado porque esta vez tampoco necesitamos las cadenas. No obstante, al llegar arriba nos encontramos otra vez con la nube y nos sumimos en depresión. Falsa alarma!! Hay suficiente visibilidad e incluso momentos de sol. La nube no tarda en subir. El día promete.

James hoy pasa de esquiar. Ha dado por finalizado su intento de aprender dándose a si mismo por caso perdido. Así que mientras él se queda en el bar tomando cerveza Speights, Jamie y yo nos vamos a esquiar. Cardrona es famosa para los que hacen snow no solo por ser de pendiente más suave sino por el PEDAZO DE SNOWPARK QUE LO FLIPAS!! Cuatro Kicker pequeños, 3 súper kickers, barandas a tuti plen de todos los tipos y formas, un half pipe para principiantes y otro tamaño competición y un border cross para rematar la faena. Jamie también es un friki de los parques y nos pasamos casi toda la mañana ahi metidos. Al principio a mi me da algo de rollo hacer barandas pero al final me animo y hago unas cuantas. Lo bueno del snow park es que ocupa toda una bajada de principio a fin, la del telesilla grande. Así que no hace falta caminar y puedes hacer bajadas largas y volver a coger el telesilla. Una delicia, el mejor snowpark que he visto en mi vida. Según Jamie, que ha esquiado en más sitios que yo, también es el mejor que él ha visto.

Para comer volvemos al comedor donde hemos quedado con James. Para no perder el tiempo comemos uno de los bocadillos ya preparados y patatas fritas. No hay tiempo que perder y será mejor darse prisa. En menos de lo que canta un gallo nos estamos despidiendo de James y de vuelta a las pistas. Hemos decidido descansar un poco del snowpark y vamos a hacer bajadas. Ahora que puedo ver es mucho más divertido. Jamie prefiere las pistas pisadas pero yo me voy hacia los lados en busca de desniveles más bestias y algun pedazo de nieve sin pisar. Jamie acaba por marcharse a hacerle compañía a James antes de que cierren las pistas, pero yo me quedo a hacer alguna bajada más.

Al subir el telesilla me llama la atención un fuera pista que hay saliéndote de una pista verde que une los dos valles. Me voy para allí directo. Una vez en el sitio me paro mientras todos los demás siguen el caminito bien marcado. Tengo medio esquí asomando la bajada con un desnivel de unos 45 grados... KOWABUNGAAAA!! A saco hacia abajo sin frenar. El tiempo se vuelve más lento y siento como la gravedad me empuja hacia abajo, tengo tiempo de ver los montones de nieve y escoger el mejor camino entre ellos. Mis piernas, a forma de muelle, bailan de lado a lado dando saltitos que hacen sentir un cosquilleo en el estómago. Pese a lo lento que pasa el tiempo la bajada se hace corta. Otra vez en el telesilla me doy cuenta de que todavía hay un barranco más empinado un poco más a la derecha. Muhahahahahaha!!!

Cuando llego al fuera pista me encuentro a un grupo de cuatro esquiadores por el mismo sitio que pretendo bajar. Espero unos segundos para ver si bajan y puedo ir a mis anchas, pero está claro que van a tardar demasiado. Están acojonados yendo de lado a lado para no enfrentarse a la pendiente. Bajan lentamente a modo de Z y yo no tengo la suficiente paciencia como para esperar a que acaben, que les den. KOWABUNGAAAA!!! Me tiro a piñón por enmedio inclinándome para tomar la vía directa. El tiempo se vuelve a ralentizar y me da la sensación que los otros esquiadores ni se mueven, así que escojo el mejor camino para poder sortearlos y vuelvo a las andadas. Mientras bajo ni me preocupo en mirarles, pero noto su miedo. Me encanta el cosquilleo en el estómago en cada rebote entre los bumps y la sensación de control pese a que no creo que pudiera frenar dada la pendiente. Los otros esquiadores hacen las Z para poder seguir frenando en cualquier momento, pero así no es divertido. Pronto vuelvo a llegar al final del telesilla y esta vez cambio de valle para volver con los Jamies. Ha sido un gran final de esquiada.

La vuelta a casa me la paso durmiendo en el coche. Tres días intensos esquiando en el hemisferio sur te dejan más que satisfecho... deshecho.

1 comentario:

Carlos Morales dijo...

en una palabra: olé.

PD. el olé no va dedicado a tu afición por el riesgo. Sino al fin de semana tan cojonudo que te has montado con los Jaimes.