Frío

La ciudad despierta helada.
Sus habitantes, convertidos en pingüinos, se deslizan por sus calles.
Los coches han quedado inmóviles, como dinosaurios de otra época, atrapados por el frío.
Una capa de fósiles helados cubre sus cuerpos.
Las plantas, que anhelaban en sueños, forman un mosaico translúcido a su alrededor.
Los pingüinos pasan sin mirar, no sea que al pararse sus sueños vuelvan a recordar.

1 comentario:

Carlos Morales dijo...

me has dejado impresionado...