Milford Sound

El parque natural de Fiordland es patrimonio de la humanidad por su gran belleza. Como indica su nombre está lleno de fiordos esculpidos durante miles de años por los glaciares que hubo en la zona durante el período cuaternario. Algunos de estos fiordos ahora están inundados por lagos y otros incluso por el mar. Hoy voy de visita al fiordo Milford, que supuestamente es el más bello de todos.

La leyenda Maorí cuenta que el semidiós Tuterakiwhanoa utilizó su hacha para moldear la roca a su actual forma. Tuterakiwhanoa empezó por el extremo sur de la costa Oeste y fue subiendo. Los primeros fiordos son más anchos, con menos montañas impresionantes y tienen más islas. Esto es debido a que todavía no era diestro en la técnica. A medida que fue subiendo fue mejorando. El último fiordo en moldear fue Piopiotahi (Milford Sound), con él quedó satisfecho al haber creado una obra perfecta.

A las ocho de la mañana me pasa a buscar una furgoneta delante del hostal YHA Te Anau. Dentro ya hay otros cinco aventureros. Como voy solo el conductor me invita a hacer de copiloto. La carretera que lleva de Te Anau a Milford Sound tiene las vistas más impresionantes que haya visto nunca desde un coche. Nos adentramos en un valle cada vez más estrecho donde se pueden ver los restos de las avalanchas anteriores. La carretera es también de las más peligrosas del planeta por atravesar decenas de recorridos de avalanchas. El valle es el típico en forma de U por la acción de los glaciares, pero los picos acumulan nieve en sus laderas de 45 grados. Perfecto para avalanchas. Si cayera alguna se formaría una ventolera de cientos de kilómetros por hora, y si eso no te hiciera salir de la carretera después vendrían cientos de metros cúbicos de nieve para sepultarte.

Por el camino, el conductor para en varios sitios para que podamos hacer fotos tranquilamente. Llegados al final del valle, no hay más salida que el tunel Homero que se construyó para unir Milford Sound con Te Anau a través de esta carretera. Para llegar a Milford por tierra firme hay tres opciones, o pasas por el túnel, o escalas la montaña, o hacer el sendero Milford de cuatro días.

Al salir al otro lado del túnel el paisaje sigue siendo excepcional, nos queda media hora de curvas hasta llegar a la altura del mar. Ya desde arriba el reflejo del sol en el agua del mar que ha inundado el fiordo te atrae hacia él. Hemos tenido mucha suerte con este día soleado. Este lado de las montañas tiene una cuota anual de 7 metros de lluvia. Casi nada.

En Milford no hay apenas construcciones. Sólo un Hostal a medio kilómetro del mar y a la orilla del mar un par de chozas para pescadores y un lavabo público. Los guías de kayak duermen en un par de caravanas al lado de las chozas. El mito Maorí tiene una explicación para tan poca civilización. Al acabar de hacer Piopiotahi, Tuterakiwhanoa hizo una fiesta para celebrar su obra. Invitó a todos los dioses y semidioses para que admiraran su escultura. Su hermana Hinenuitepo, que era muy maja pese a ser la diosa de la muerte, quedó impresionada lo cual la llevó a preocuparse. El hombre, tarde o temprano, querría vivir en este paraíso y lo destruiría talando los bosques y construyendo casas. Para evitar tal desgracia creo "te manu" e infestó la zona con ellos. Te manu son pequeños mosquitos succionadores de sangre que dejan una picada que dura al menos 10 días (eso si no te rascas). Por suerte en invierno no abundan tanto, pero dicen que en verano son una auténtica plaga y tocan a 20 por turista. Si se te ocurre matar uno, vienen 20 más a su entierro.

En una tienda de campaña militar guardan todo el material para hacer kayak. Nos dan mallas y camiseta de ese material que seca rápido, un polar grueso, una falda para el kayak, una chaqueta impermeable, y unos guantes de neopreno que se adhieren al remo. La falda queda sujeta al kayak para que no entre agua. Siguiendo el consejo de la guía irlandesa (más fea que pegarle a un padre), me vuelvo a poner mis pantalones encima de las mallas.

Los kayaks son en plan tándem y los llaman "kayak divorcio". La persona que va detrás tiene unos pedales para mover el timón y tiene el control casi total de la dirección que toma la pareja, causa de muchas discusiones que terminan en los tribunales. Yo voy solo y me van a poner a alguien de pareja. Como no tengo muchas ansias de control, me pongo delante de un kayak donde nadie me tapará las vistas. Un grupo de tres (pareja con hijo) discuten quien irá conmigo. El marido, temiendo el divorcio, prefiere venirse a mi lado. Pero la irlandesa fea dice que es mala idea tener a la madre y el niño, los más flojos, en el mismo kayak y me hace cambiar por el chaval que estaba detrás de su madre. El marido sonriendo me dice que me prepare para que me chillen.

Jackie es ahora mi compañera de kayak, originalmente de Hawai'i pero allí nadie le enseñó a remar. El movimiento lo hace, pero tiene la consistencia de una medusa. Si yo no remo apenas nos movemos y cuando ella deja de remar apenas noto la diferencia. No sólo me toca a mi hacer todo el esfuerzo sino que encima tengo que dirigir la canoa a la vez. Ya sabéis los problemas que tenemos los hombres haciendo dos cosas a la vez. Su cabeza, pese a no ser demasiado grande, me tapa la panorámica. Como yo tengo el control del timón cuando me apetece hacer una foto o admirar el paisaje, simplemente giro la canoa para apartarla del medio. A pesar de lo que dijera su marido, no me grita.

Al principio de la escapada se levanta algo de viento dificultando la navegación, pero la calma vuelve pronto y no se presentan mayores dificultades. La guía nos avisa de que no nos alejemos no sea que nos metamos delante de alguno de los cruceros que frecuentan el fiordo. Al ir en un kayak nos podemos acercar mucho más a la costa rocosa. Durante todo el recorrido en kayak tenemos el pico Mitre delante de las narices. Mitre tiene la segunda pared más alta del mundo que da a parar al mar. La primera parada la hacemos delante de una cascada que últimamente no baja muy llena por la reciente sequía. Jajaja, me río yo de las sequías de esta zona, se tendrían que pasar por Murcia.

Continuando por el lateral, bien cerca de las rocas, nos encontramos con dos focas subidas a una roca. Según la guía, son dos machos jóvenes que han sido expulsados de la colonia principal por los machos dominantes que los empezaban a ver como una amenaza. Unos cien metros más adelante se acaba el recorrido por este lado de la costa y toca cruzar hacia la otra. Para no tener problemas, nos esperamos a que pase un crucero. Viendo que se acercan las olas de la estela, giro la canoa para que quede paralela a las olas. De esta manera nos zarandean más. Por un momento me gustaría que volcáramos. El agua está fría pero tampoco tanto y remar bajo el sol ha hecho que empiece a sudar. Además, sería divertido ver a Jackie gritando como una loca e intentando volver a subirse al kayak. Lo sé, soy malvado.

Al otro lado del fiordo el mar no es tan profundo y el agua se torna de color turquesa. Jackie y yo vamos primeros cuando excitado empiezo a gritarle. PINGÜINOS!! Una pareja de pingüinos cejones (los propios de Fiordland) están en una roca. Pese a ser una especie muy tímida, el macho no se esconde y se queda posando ante nuestras cámaras. La hembra está escondida, pero es curiosa y va asomando la cabeza de vez en cuando. Ir en kayak nos permite acercarnos a apenas 3 metros de ellos. Todos los demás se han marchado, pero a mi me cuesta separarme de mis nuevos amigos. Al final acabo acordándome de la ineptitud de Jackie al remo y prosigo la marcha.

A estas alturas casi hemos cerrado el círculo que empezamos a 100 metros de la salida, pero no es el final del recorrido. Todavía nos queda rodear dos islas formadas en la desembocadura de uno de los ríos de la zona. Por aquí apenas hay viento y el mar está calmado como una piscina en invierno. A medida que avanzamos vemos algo que se mueve en el agua. Es otra foca que está buscando comida entre las rocas. Después de rodear la segunda isla tenemos una vista impresionante del fondo del valle. La guía se ofrece a hacernos fotos e inmortalizar la ocasión. Después de esperar en la cola para hacernos las fotos nos volvemos al mini-puerto.

Ya me lo iba temiendo, pero al salir del kayak certifico que el agua se estaba filtrando y tengo los pantalones mojados casi al completo. Al quitarme la ropa encuentro al culpable: un agujero en la parte trasera de mi falda. La guía me dice que no me preocupe por el agujero, pero no es el agujero lo que me preocupa sino mis pantalones mojados. Espero que se sequen durante el camino de vuelta en coche.

El conductor nos lleva de vuelta a Te Anau y todavía tiene un par de ases guardados. Antes de llegar al túnel nos paramos en un aparcamiento de donde sale un camino que lleva a unas cascadas que han tallado la roca mejor que ningún escultor. Su segundo as lo tiene al otro lado del túnel, en un terraplen desde el cual se puede hacer fotos increibles de las montañas. Entre las montañas está el Harris Saddle. Parece que fue hace meses cuando gateaba por la nieve en solitario a través de él para después desviarme bajando por el bosque frondoso y acabar en un cámping rústico.

Su tercer as (no hay dos sin tres) esta en la parte del valle cuando este ya empieza a ensanchar. Desde aquí uno queda miniaturizado entre tanta montaña. Saltos de alegría me hacen volver a crecer. ¡¡Hoy me siento flex!!