Al norte

Mariusz me ha llevado al aeropuerto de Dunedin en su Kawasaki. No hacia mucho frío pero las piernas han sufrido la velocidad. El aeropuerto es pequeño ya que no tiene mucha proyección internacional. Ha sido fácil encontrar el camino.

El vuelo ha llegado pasado el medio día a Auckland. Tal y como me había propuesto Mariusz, he acabado por alquilar un coche un par de días para dar una vuelta por la parte norte de la isla. La bahía de las islas sera mi primer destino. Para llegar allí tengo que hacer unos 200km.

De camino me he parado en un par de pueblos de la costa este, nada digno de mención a parte de algunas playas bastante impresionantes. Al ser invierno no me he atrevidoa meter en el agua. No es que haga mucho frío en esta parte del pais, pero hay un viento de cojones que tira para atrás. En la isla norte llueve bastante más que en la sur.

Para llegar a Russel, un pueblecito ridículamente pequeño que fue la primera capital de la isla, he cogido un ferry de coche. Me he sentido como un niño divirtiéndome al coger algo nuevo e inesperado. En Russel me he dado una vuelta para encontrar alojamiento y he encontrado primero una casa con dos habitaciones sin nadie en ella. Una nota me invita a pasar y si me quiero quedar tengo que ir a la casa de enfrente a hablar con la hermana de la dueña. Al entrar me he encontrado un sitio muy mono para parejitas, pero me ha dado algo de mal rollo quedarme solo allí. Las vistas a la bahía eran inmejorables, pero lo dejaré para otra ocasión.

Un poco más arriba hay otra casa de huéspedes cuyo dueño es un artista inglés que vive allí. Su simpatía me ha convencido, ademas del precio, a quedarme. Tengo el tiempo justo para ir a comprar la comida para la cena.

Media docena de huevos y algo de verdura dan para la tortilla que me servirá de cena, desayuno y comida para mañana. Barry, el dueño, está viendo la tele y hablamos poco. Cerca de las 10 me voy a dormir. A ver si mañana consigo ir a nadar con los delfines.

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