Fin de la aventura

Un manto de escarcha blanca lo cubre todo. La hierba ha cambiado temporalmente su color y sólo noto la diferencia cuando desmonto la tienda y veo su color original. La tienda también está cubierta de hielo, tanto por fuera como por dentro, y la tengo que poner al sol para que se ventile.

Después de desayunar por fin volvemos a Castle Hill a escalar. La modalidad de búlder consiste en escalar rocas no muy grandes sin necesidad de cuerda ni harnés. Lo único que te para la caida, porque caer sigues cayendo, es una colchoneta. Mientras escalas, los demás forman un corro para asegurarte que si te caes, lo hagas en una posición normal y encima de las colchonetas.

Escalar entre estas rocas es algo maravilloso. Te sientes como Alicia en el país de las maravillas donde todo es posible. A lo lejos, pero no muy lejos, están las montañas cubiertas de nieve. Un denso manto de verde cubre todo el suelo y las rocas de formas aquadinámicas están por todas partes. Es difícil concentrarse en una cuando hay tantas. Entre bloque y bloque me doy una vuelta para explorar, no en busca de problemas que resolver sino de belleza que fotografíar.

Pasamos el día escalando y charlando hasta que llega el momento de marchar. Nos quedan unas cuantas horas de viaje y además hay que parar a comer. Hay hambre! Kwan ha organizado su choche de tal manera que cabemos los cinco. A mi, por ser el último y el más pequeño, me toca detrás compartiendo el sitio con las maletas. Tampoco se está tan mal. Por fin puedo dejar de preocuparme sobre como llegar al siguiente lugar y puedo relajarme. Me siento muy afortunado de haber podido vivir esta aventura. Lástima que mi estancia aquí esté llegando a su fin.




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