El desayuno consiste en un emparedado de nutella y una pieza de fruta. Me ducho y me voy directo a la gasolinera a esperar al autocar bajo la lluvia. En esta parte de la isla llueve muchísimo mas que en Dunedin.
A las 8:20 pasa el autobús con dos personas y el conductor. El trayecto hasta Auckland lo hago casi todo durmiendo. El paisaje ya me lo conozco y no puedo hacer gran cosa sin ver mucho. Leer ni me lo planteo que pillaría un mareo de cojones.
A la una sale el autocar y acabo sentado al lado de una asturiana muy maja. Nos pasamos el rato entre durmiendo o charlando de nuestras experiencias en el extranjero. Ella es una asturiana extaña porque ha viajado mucho.
A las cinco llegamos a Rotorua y nos ponemos a buscar un hostal. El primero que encontramos tiene buena pinta y nos quedamos. Al principio nos meten a los dos en la misma habitación con 6 tíos mas. Al entrar hay un chino en pelotas que se ruboriza y Patricia decide cambiarse de habitación buscando evitar los ronquidos masculinos.
En Rotorua, como en muchas otras ciudades neozelandesas, no hay gran cosa que hacer pasadas las seis, a excepción de unos baños termales que cierran a las once y sólo cuestan 20 dólares. Nos vamos directos y aprovechamos el tiempo al máximo arrugándonos en piscinas ácidas y alkalinas de temperaturas varias. Eso si, todas por encima de los 30 grados. Las piscinas estan descubiertas y de vez en cuando llueve. Una sensacion única. Las gaviotas invisibles, por ser de noche, dan un poco de mal rollo. Pero la conversación es amena y el tiempo pasa bastante rápido.
Al volver al hostal preparo la cena para Patricia (la asturiana) y para mi. Ella me hace de pinche y no se acaba de creer que yo sepa cocinar. Después de la cena solo quedamos nosotros dos depiertos, un aleman y una japonesa. Estamos todos reunidos en el salón con la tele y nos divertimos un buen rato. El alemán de 20 años y la japonesa de 25 están pasando un año en Nueva Zelanda entre turismo y trabajo. La japonesa nos cuenta, con su inglés entrecortado, historietas de cuando trabajaba en Auckland en un bar para hombres de negocios japoneses, consiguiendo que bebieran más mientras llevaba ropa "sexy". Nueva Zelanda está llena de gente extremadamente interesante.

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