Toma castanya

Me he despertado bien prontito para poder conseguir entradas para los delfines. Son apenas las 7:30 y Barri ya esta despierto desde hace rato. Yo me levanto y preparo el desayuno mientras hablo con Barry. El me ha comentado que los cruceros salen a las 10, asi que nos entretenemos charlando de sus aventurillas con los huéspedes del hostal. Barry es un señor cuarentón al que le encanta charlar y tener compañía. De origen inglés, ahora se ha asentado en este pequeño pueblecito gestionando las casas de los estrangeros que como él se enamoraron del sitio pero no se quedaron a vivir.

A las 9:15 me despido de Barry y cojo el coche hacia el centro del pueblo (200 metros). En el muelle me dicen que el crucero ha salido a las 9 y no hay otro hasta las 12:30. Me molesta un poco que Barry no se sepa los horarios, pero ahora no hay nada que hacer. No me voy a esperar al siguiente porque significaría quedarme en el pueblecito hasta las 17:00 y perderme el viaje de vuelta por la costa Oeste de día. Tengo ganas de ver sus costas rocosas y sus playas con dunas de arena de decenas de metros de altura.

Cojo el coche y me voy por carreteras secundarias a explorar la costa. Si bien es cierto que en Russel y de camino había visto más Maoris que en toda mi estancia en la isla Sur, en los pueblecitos de los alrededores apenas había un solo Paheka (hombre blanco). Las carreteras apenas están asfaltadas, esta claro que esta zona es el Maori profundo.

Me paro en algunas playas a ver los paisajes. La verdad es que no me impresiona tanto la bahía de las islas, supongo que el atractivo es el crucero y nadar con los delfines. En otra vida será. Al llegar al final de la carretera me paro a descansar y se me acerca un perrillo joven con ganas de jugar. Me paso cerca de media hora haciéndome amigo de este canino, ya que el pueblo esta totalmente desierto.

Durante el camino de vuelta me entero de la razón de tanto pueblo vacío. Estaban todos los Maoris en un pueblo celebrando algo. Una caravana de coches se ha formado en procesión mientras tocan los claxons en toque festivo. Yo no me atrevo a seguirles el rollo no sea que se enfaden, pero ganas no me faltan. Al final todos aparcan en una playa y al pasar le pregunto a uno a que se debe la celebración. Resulta que estan en pleno funeral y pese a las ganas increibles de haber visto en primera persona uno de sus ritos sagrados, no me parece apropiado acoplarme con ellos y sigo mi camino solo.

Como no quiero volver hasta Rusell y volver a coger el ferri, me meto por una carretera de montanya que teóricamente acorta camino. Esta, como la anterior, tampoco esta asfaltada. Pero ademas tiene muchas mas curvas que se adentran en la jungla espesa subtropical que hay en esta zona. Durante el trayecto me encuentro un pueblo con Marae (la casa de reuniones para los Maoris que todavia viven de forma tradicional). Otra vez me contengo para no ir a echar un vistazo y sigo el camino.

Despues de un montón de curvas y más curvas sucede la catastrofe. En una curva no muy cerrada, pero con un contraperalte de muy mala leche, el culo del coche se me va hacia un lado. Intento enderezar el coche sin éxito y se me va para el borde de la carretera sin que pueda hacer nada para evitar que se salga hacia la jungla. En lo que parece una eternidad, el coche baja por el terraplen llevándose por delante los matorrales hasta que topa con un árbol que lo para del todo. Lo único que se me pasa por la cabeza es, "de aquí el coche no lo saco solo ni de coña". Pero aun hay más, el coche no se para sino que empieza a volcar sobre mi costado para tumbarse lateralmente sobre un árbol cortado que aparece rompiendo el cristal de mi ventana. El tronco viene directo a mi y en un acto reflejo lo cojo con las dos manos y lo aparto para que no me aplaste. Por un momento me veo atrapado entre el asiento y el tronco del arbol e intento zafarme sin éxito. No es que no pudiera moverme, es que se me habia olvidado quitarme el cinturón de seguridad. Una vez fuera me zafo del abrazo del árbol y salgo por la ventanilla rota por donde había entrado el tronco. Por el camino sólo se me ocurre coger la guía Lonely Planet que tenía en el lateral de la puerta. Las gafas se me han caído y sólo puedo encontrar la montura: no veo un pijo.

Ya fuera del coche y con la adrenalina por las nubes vuelvo a subir a la carretera. Estoy en camiseta de manga corta, en medio de la jungla y mi coche no se ve desde la carretera. Por suerte estoy totalmente sano menos por un par de rasguños. La aventura acaba de empezar.

1 comentario:

karina dijo...

Joder tio!!! vaya susto no????????????????? ahora me tienes igual que en una novela de suspense, esperando la siguiente entrega!!!!!
Otra cosa, todavia me tienes que explicar pq somos unos maricones, como me dijiste el otro dia por el gmail..... espero respuesta.

Besitos.