Lavabo público cabrón

Uno tiene a veces el típico apretón. Nada nuevo. Lo jodido es cuando el apretón te pilla lo suficientemente lejos de algún sitio conocido como para que la idea de salir corriendo en plan correcaminos (con las piernas dando vueltas por delante y las manos pegadas al trasero) sea desestimada rápidamente.

En esta situación, no te queda más remedio que entrar en modo pánico, mientras tu cabeza empieza a dar giros bruscos en perfecta coordinación con tus ojos, para encontrar lo antes posible un lavabo digno. ¡Nada a la vista! .... ¡Ahí veo uno! pero... ¡Mierda! es el típico lavabo público que hay en los parques. Si, si, aquellos que aparecen de la nada como si los hubieran puesto ahí los de la cámara oculta.

Por suerte no es de los lavabos de la construcción. Este es más moderno. Incluso tiene botones táctiles para abrir y cerrar la puerta (solo desde dentro). También tiene un sistema de esos que detectan tus manos para echarte el jabón y echar aguilla. Curiósamente la cadena del váter es inexistente. Para echarle agua hay que activar el grifo de las manos. Buena manera de conseguir que la gente se lave las manos (o en su defecto dejarlo todo hecho una mierda). ¡Incluso parece limpio! Me da a mi que es de esos que se auto lava en plan ducha a presión. Total, que no tengo muchas opciones y este me da la suficiente confianza.

Para mi defecar es todo un ritual. Hay que tomarse su tiempo, sobretodo si es un lavabo público. Por suerte en esta ocasión el apretón no es tan acusado y puedo dedicarme a limpiar los bordes de la taza. Una vez sentado, me quedo ahí hasta que estoy totalmente convencido de que no queda ningún hermanito dentro que pueda vengarse más adelante. Lástima que no tenga nada para leer. Que conste que es la primera vez que utilizo uno de estos trastos y quiero sacar el máximo provecho.

Pero el lavabo no aprecia tanto mi presencia como yo la suya. Al cabo de un rato de estar ahí sentado, supongo que por un tema de eficiencia, la puerta va y se abre sola. Para más inri, la puerta está justo delante de mi y da a parar a la plaza de la estación de tren. ¡Será cabrón!

Me levanto un tanto incrédulo y tapándome las bolingas, para acercarme al botón de cierre... ¡no funcionaaaaaa!! Apreto dos o tres veces y nada. Así que cojo la chaqueta que había dejado colgada y la pongo a modo de tabarrabos y saco la cabeza por la puerta para cerciorarme de que no es una broma. En cuyo caso no se que hubiera hecho. De repente me acuerdo de que estos lavabos también son una ducha y de un brinco salgo fuera mientras miro para dentro para verificar que no me he dejado nada (nota mental: ¡no te has subido los pantalones ni los calzoncillos y estás haciendo un calvo monumental a toda la plaza!). Así que me doy la vuelta y me subo los calzoncillos y los pantalones como buenamente puedo con una sola mano y me vuelvo a meter en la cabina. No me los subo del todo que no me ha dado tiempo a limpiar. Por fin un golpe de suerte permite que vuelva a cerrar la puerta. Lo cual me vuelve un poco paranoico no sea que toque ducha.

Tiene gracia eso de limpiar ¡¡eh!! Pues si que la tiene si, sobre todo porque no había papel higiénico, ni siquiera no higiénico. Pero Vera resulta ser mi salvación, menos mal que insistió en meterme un par de paquetes de kleenex en el pantalón antes de irme. Parece que la situación queda resuelta.

Vivan los lavabos públicos y las situaciones cómicas que conllevan. Si me veis en un programa de cámara oculta, por favor grabadlo que yo también quiero reirme.

2 comentarios:

Jose dijo...

Y yo pensando que aquellos calvos en "ciertos lugares" de Israel no podrían superarse... ;) ;)

karina dijo...

jajajajajajajajajaja, ya te estoy viendo, jajajajajajajaja. Que sepas que los lavabos publicos que hay aki en la otra cara del mundo tb son asi, aunque bastante mas guarros. jajajajajaja, es que no puedo parar de imaginarte dando el bote y haciendo el calvo al personal, jejejejejejejejee.